Paulina


Éste es un amor que tuvo su origen
y en un principio no era sino un poco de miedo
y una ternura que no quería nacer y hacerse fruto
[...]

Recién había terminado una relación muy corta con un chico y estaba en el limbo de saber si mis futuras relaciones serían con chicos, con chicas o con ambos. 

Un buen día salí con mis amigos en Guanajuato por un cerveza. Después de visitar un par de bares y encontrarlos abarrotados, llegamos a un bar un poco más alejando del centro y que estaba vacío. Pensé que eso estaba muy bien porque solo quería charlar con mis amigos y pasar un buen rato. No tenía ni una pretensión más. 

Después llegó la mesera a atendernos y yo estaba revisando unas cosas en mi celular. Al mismo tiempo, escuché que mis amigos comenzaron a platicar con ella y a felicitarla por haber hecho la portada de equis revista. Cuando levanté la mirada... me di cuenta que ella era súper linda. Castañita, cabello largo y lacio, sonrisa pilla y unos ojos hermosos con pestañas larguísimas y negrísimas. 

Como pude le pedí una cerveza. Pagaría por ver mi cara en ese momento si se pudiera. Seguramente fue una cara  conflictuada entre la sorpresa y la incredulidad pero llena emoción ingenua.

Luego ella se sentó un momento a platicar con nosotros. Resultó que era amiga de mis amigos porque también estaba estudiando diseño y por las noches trabajaba en el bar para mantenerse en Guanajuato. Hice algunas bromas con ella y le causaron mucha gracia, tanto que al final de la noche le pregunté qué cuándo nos íbamos a casar (no recuerdo por qué ni cómo). Claro que esperaba una respuesta evasiva o una reacción de extrañeza y lo que obtuve fue un "en noviembre" lleno de seguridad.

Cuando salí del bar le pregunté a mis amigos sobre ella y se hicieron los tontos diciendo que no sabían nada pero ya sabían todo. Sabían que me había encantado, que ella era gay y que había pasado algo extraño adentro del bar y que no era lo único que podía pasar. 

[...]
Un amor bien nacido de ese mar de sus ojos,
un amor que tiene a su voz como ángel y bandera,
un amor que huele a aire y a nardos y a cuerpo húmedo, 
un amor que no tiene remedio, ni salvación, 
ni vida, ni muerte, ni siquiera una pequeña agonía.
[...]

Todos los jueves iba al bar "por una cerveza" y ella siempre se tomaba unos minutos para platicar conmigo. Luego me enteré de que tenía novia (claro, por supuesto) y que pronto regresaría a Celaya porque estaba por terminar su último semestre en la universidad. 

Cuando llegó el verano coincidimos en el festival de cine en donde también conocí a su novia. Después de pocos minutos de observarlas, tomé una decisión: Intentar que pasara algo entre Pau y yo sin importar qué. Probablemente ha sido una de las decisiones más confiadas y arrogantes que he tomado pero a la vez ha sido una de las mejores. Lo que vi en esos minutos me bastó para hacer esa apuesta. Sabía que yo tenía mejores cartas, que si ganábamos, ganábamos las dos y si yo perdía, valía toda la pena jugar. 

Después de eso nos veíamos a hurtadillas en Guanajuato bajo cualquier excusa. Algún trámite, algún examen pendiente, alguna fiesta y yo, yo ni me paraba por la universidad. Pasábamos todo el día juntas. Paseando por ahí, hablando, riendo de cualquier tontería. Una vez fuimos a una fiesta y cuando terminó, ella tenía dos opciones, quedarse con una amiga o quedarse a dormir en mi casa por primera vez. Lanzó una moneda al aire para tomar esa decisión y yo en mi mente lancé otra. Si se iba a la casa de su amiga, la iba a besar, si no... si no...

Esa noche fuimos a mi casa. Yo vivía en el segundo piso de una casa que tenía una terraza pequeña. Cuando llegamos, vimos un rato las estrellas y luego fuimos a dormir. Esa noche pudimos habernos besado y más. Pero yo no quería más, yo quería todo. Pau me dijo que tenía frío y solo la abracé. 

Así pasaron varios meses de visitas irregulares hasta que llegó mi tiempo de dejar la universidad y la última visita. Esa sería la última vez que tendríamos la posibilidad de coincidir así en Guanajuato y para ese momento, ya sabíamos que nos gustábamos, por qué estábamos haciendo las cosas así y que ya se nos había terminado el tiempo para jugar. 

Pasamos todo el día juntas y por la noche regresamos a mi casa para recoger sus cosas antes de irse. Entramos a mi cuarto, me senté en mi cama para esperarla mientras ordenaba sus cosas pero en vez de eso me besó. Y nos besamos y nos besamos y nos besamos. Cuando llegamos a la central, le pregunté que qué iba a pasar y me dijo que no me preocupara por eso y que mejor la besara más. Cuando regresé a mi casa pensé que eso era lo máximo que pasaría y le escribí eso y que para poder estar juntas (por fin) ella tenía que tomar una decisión, de otra manera, cada quien tendría que seguir su camino (¿alguien dijo contradicción?)

Claro que era una decisión muy difícil. Ella tenía que dejar a su novia y luego tendríamos que buscar una manera para estar en ciudades diferentes con actividades y horarios muy diferentes y poder vernos con cierta regularidad y yo no esperaba que en ese momento ella dejara todo lo que ya tenía seguro ni la comodidad por empezar algo nuevo y además logística tan complicada. Pero así fue. Unos días después terminó con su novia (una relación que desde hace mucho estaba por quebrarse) y nos vimos por primera vez en León. 

[...]
Éste es un amor rodeado de jardines y de luces
y de la nieve de una montaña de febrero
y del ansia que uno respira bajo el crepúsculo de San Ángel 
y de todo lo que no se sabe, porque nunca se sabe 
por qué llega el amor y luego las manos 
—esas terribles manos delgadas como el pensamiento— 
se entrelazan y un suave sudor de —otra vez— miedo, 
brilla como las perlas abandonadas 
y sigue brillando aún cuando el beso, los besos, 
los miles y millones de besos se parecen al fuego 
y se parecen a la derrota y al triunfo 
y a todo lo que parece poesía— y es poesía.
[...]

La primera vez que tuvimos sexo fue increíble (y cómo no, después de un foreplay de dos años). Pero también la segunda y la tercera y todas. Creo que una de las razones por las que alargamos tanto eso, fue porque sabíamos que nos engancharíamos. Claro que había tenido sexo antes y he tenido sexo sexo después pero nunca he sentido tanto como con ella, ni he tenido tanta confianza como con ella. Yo creo que hay niveles de placer que únicamente se pueden alcanzar con personas con las que se tiene una conexión así. Algunas veces lloré porque me desbordaba la belleza y la fortuna del momento.

Un tiempo después terminamos y ella volvió a salir con su ex y yo estaba muy enojada por todo eso. Porque no entendía por qué después de haber tenido la oportunidad de vivir algo diferente había regresado a vivir lo mismo que ya había vivido y aceptar cosas que una persona como ella  no merecía. 

Desde que terminamos, me ha tomado todo este tiempo entender muchas cosas de mi, de ella y de nosotras. 

Pienso que desde el momento que la vi tuve la convicción  de ser una persona buena en su vida. No sabía por qué me sentía así con ella pero así pasaba, así pasó y así ha pasado. Incluso después de terminar y a pesar de estar tan triste, esa convicción fue una de las cosas por las que atravesé esos momentos pensando en que eventualmente volveríamos a estar bien. 

Hace unos días me escribió Pau y me dijo que algo había pasado con su ex y que ya había decidido (por fin) cortar esa relación de tajo y después me agradeció por haberme aparecido en su vida. Yo no entendí muy bien por qué me estaba contando y diciendo eso. Luego dijo que a partir de que nos conocimos empezó a darse cuenta qué tipo de persona era su ex y yo pienso que también empezó a darse cuenta de qué tipo de persona era esa Pau. 

Si hablo desde el ego, puedo decir que al final yo gané. Si hablo desde el corazón, empiezo a entender por qué me sentía así con ella y que yo también estoy agradecida por haber vivido eso exactamente como pasó. Creo que las dos andábamos buscando  una oportunidad para poder ser y nos ha tomado todo este tiempo y paciencia y desesperación y tropezones y carreras y decepciones y alegrías llegar a ser de manera más fiel y honesta lo que realmente queremos ser. Me da gusto que haya tenido el valor de decirme eso pero me da más gusto que tenga el valor para empezar una nueva etapa en su vida, sin miedo. Y me da muchísimo gusto que después de todo, podamos seguir siendo y haciendo lo que queremos a pesar de que no es como quisimos en algún momento. 

[...]
Ésta es la historia de un amor con oscuros y tiernos 
    orígenes: 
vino como unas alas de paloma y la paloma no tenía ojos
y nosotros nos veíamos a lo largo de los ríos
y a lo ancho de los países
y las distancias eran como inmensos océanos
y tan breves como una sonrisa sin luz
y sin embargo ella me tendía la mano y yo tocaba su piel 
    llena de gracia 
y me sumergía en sus ojos en llamas 
y me moría a su lado y respiraba como un árbol despedazado 
y entonces me olvidaba de mi nombre 
y del maldito nombre de las cosas y de las flores 
y quería gritar y gritarle al oído que la amaba
y que yo ya no tenía corazón para amarla 
sino tan sólo una inquietud del tamaño del cielo 
y tan pequeña como la tierra que cabe en la palma 
    de la mano. 
Y yo veía que todo estaba en sus ojos —otra vez ese mar—,
ese mal, esa peligrosa bondad, 
ese crimen, ese profundo espíritu que todo lo sabe 
y que ya ha adivinado que estoy con el amor hasta
    los hombros, 
hasta el alma y hasta los mustios labios. 
Ya lo saben sus ojos y lo sabe el espléndido metal 
    de sus muslos, 
ya lo saben las fotografías y las calles
 y ya lo saben las palabras —y las palabras y las calles 
    y las fotografías 
ya saben que lo saben y que ella y yo lo sabemos 
y que hemos de morirnos toda la vida para no rompernos 
    el alma 
y no llorar de amor.


Comentarios