recuerdos mundialistas

Mismas fechas, mismo clima, bienvenida la nostalgia...

Me acuerdo que por allá del 2010 estaba muy emocionada por ver los partidos del mundial. No soy fan del fútbol pero recién había terminado mis deberes de preparatoriana y ya había presentado mis exámenes de admisión. Estaba en un limbo de un par de semanas. Perfecto para despreocuparme de todo en la vida... excepto porque tuve que salir del clóset y mi novia de esa época (mi primer novia) tuvo la peor reacción. 

Por esos días decidí hablar con ella para llegar a un acuerdo en nuestra relación. La quería mucho y estaba enganchada físicamente con ella, pero la relación no iba a dar para más por dos cosas: 1) ella jamás aceptó la  homosexualidad la su sexualidad y 2) no iba a ir a la Universidad. Yo sí y eso en su cabeza significaba que yo iba a conocer a mucha más gente y tendría muchas más oportunidades de experimentar y seguir conociendo(me). 

Cuando solté la bomba... creo que cayó en un campo minado. 

Aunque todos los meses que estuvimos juntas me repitió que yo era su ÚNICA EXCEPCIÓN y que jamás volvería a estar con una mujer... cuando le dije que debíamos empezar a dejar que las cosas se enfriaran, es decir, ya no vernos tanto y ya no tener encuentros íntimos... ella reaccionó muy mal. No quería soltarme porque no sabía cómo estar sola. O sea, que en su mente, estar con alguien (aunque fuera mujer) era menos peor que estar sola. Así que en un arrebato de desesperación me escribió una carta kilométrica y ultradetallada y un buen día fue a mi casa únicamente para entregarme la carta. 

Recibí la carta (un poco extrañada y nada curiosa, el melodrama siempre había sido parte de ella), subí a mi cuarto y la aventé en mi closet para leerla después. Luego me salí al centro. 

Cuando regresé, mi mamá me estaba esperando en mi cuarto, sentada en una silla y con la carta en las manos. No sentí miedo y por supuesto que ninguna coartada me hubiera salvado de postergar eso. Cuando me preguntó ¿qué es esto Marlene? Le conté todo. Ella me preguntó muchos detalles innecesarios como ¿quién besó a quién la primera vez? como si alguien hubiera plantado en mi cabeza esa idea horrenda de estar con una mujer. No puedo olvidar su cara de perplejidad cuando supo que yo había sido la autora intelectual y sentimental de todo aquello. Después se encargó de pintarme el panorama más sombrío que tendría mi vida porque a esa gente le va muy mal. 

Unas horas después, le mandé un mensaje a Susana y le conté lo que había pasado y que ahora estaba obligada a no vernos porque yo no quería que ella saliera afectada con eso y no quería tener más problemas en mi casa. Ella respondió con algo como ¿cómo se te ocurre dejar una carta así en ese lugar? Si te pasó eso fue porque tú te lo buscaste y pues... si ya decidiste ese camino en tu vida, solo te queda ser responsable de las consecuencias. 

Afortunadamente no esperaba ningún tipo de apoyo de ella. Tenía razón, encargarme de eso era solo responsabilidad mía. Por eso, toda esa mierda que me dijeron ese día la dejé afuera. 

El resto del verano fue lluvioso, frío, sombrío, sin sabor y lleno de silencio porque mi mamá me dejó de hablar (hasta entrado agosto). Sin embargo, tuvo algunos destellos felices y suficientemente brillantes como para recordarlos ahora. Pasé mis exámenes de admisión, tuve la oportunidad de elegir y decidí mudarme a Guanajuato para tener una nueva experiencia y poder olvidarme (un poquito) de todo eso. 

Hoy recuerdo esos días y me siento muy orgullosa por esa Marlene de 17 años que se paró firme y defendió lo que había elegido vivir, lo que sentía y lo que pensaba, que no tuvo miedo, que fue asertiva y no hiriente, que atajó cada golpe sin agachar la cabeza. A veces no entiendo de dónde saqué tanto valor para defender algo que no comprendía completamente pero que estaba segura me serviría para saber que era aquello que gritaba adentro de mí y quería salir. 

Para el siguiente mundial en el 2014, ya le había dado vuelta a muchas páginas. Conocí y salí con chicas y chicos, me ilusioné y me desilusioné un par de veces, me di cuenta que no quería tener relaciones sexuales ni sentimentales con chicos, dediqué tiempo para mí, para crecer intelectual y espiritualmente, conocí a Paulina y después conocí a Isabell. 

Isabell fue mi maestra de alemán durante un semestre. Recuerdo que inmediatamente después de entrar al salón y verla quedé prendada. Estoy segura de que me puse rojísima porque cuando me preguntó mi nombre, además de todo, tartamudeé y ella se quedó sonriendo con la sonrisa más tierna. Lo que más me gustó de ella, en ese primer momento, era la fuerza que irradiaba su cuerpo. Es alta y delgada y su apariencia era de una persona muy fuerte (física y mentalmente) pero tierna a la vez. 

Siempre me sentaba hasta el fondo del salón porque me ponía muy nerviosa estar cerca de ella y que me viera. Pero a mí sí me gustaba mucho verla a ella -obviamente-. 

Nunca hablamos mucho y a veces coincidíamos en la calle o en los bares y yo siempre me moría de la pena y solo la saludaba y apresuraba el paso para que no me preguntara otra cosa. 

Un buen día, después de terminar el semestre, me invitó a una fiesta de despedida en su casa. Su tiempo en Guanajuato pronto iba a terminar y después regresaría a Alemania. La invitación me pareció muy amable y asumí que había invitado a otros alumnos también. 

Esa noche estaba muy emocionada. Estaba lloviendo ligero, iba a conocer gente nueva, las calles estaban un poco vacías y Alemania acababa de ganar el mundial... entonces tenía al menos un tema bajo la manga para liberar la tensión. Cuando llegué a su casa me recibió con la sonrisa más grande y con un ¡qué bueno que viniste! No esperaba tanta calidez... solo era una invitada más, ¿no? Después me invitó una cerveza, me encontré a unos amigos y platiqué un rato con ellos y luego ella se acercó con otra cerveza y tequila para preguntarme cómo estaba. Luego le pregunté si estaba contenta por el mundial y me respondió con un "pfff no me gustan las banderas, no hay nada por qué estar orgullosos, yo no jugué el mundial así que no me siento contenta por eso, pero aquí sí estoy muy contenta". Luego ella cambió rápido de tema y me mostró un poema de Hesse que había pegado en la entrada del baño y me contó que una de sus mejores amigas se lo dio antes de viajar a México y que ahora quería compartirlo con nosotros. 

Luego todos fuimos al centro para bailar. Fuimos al fly y luego fuimos a la dama y ahí me preguntó muy a la mexicana "¿y el novio?" y le dije que no tenía novio porque no me gustaban los chicos. Inmediatamente me abrazó muy fuerte y me dijo "aww eso no lo tienes que ocultar". Después de eso sentí (como dicen en facebook) que todas las piezas de mi corazón roto se unieron. Ella fue la primera mujer que me dijo sin dudar que no había absolutamente nada malo en eso y que además lo celebraba. Yo no cabía en mí. Unos minutos después se fue a bailar y luego regresó para preguntarme si me podía besar. Respondí con un rápido "por supuesto" y ya no nos separamos más en la noche. 

Yo no lo podía creer y no dejaba de pensar en toda la mierda que me habían dicho antes y que nada de aquellas oscuras predicciones me había pasado en todo ese tiempo y que esa noche -al contrario de todo pronóstico- estaba en un momento y lugar hermosos en mi vida. 

Regresamos a su casa, le puse hielo en un tobillo que se había torcido en algún callejón y luego tuvimos sexo. Cuando desperté me di cuenta de que no había sido un sueño. Cuando despertamos me leyó el poema que me había mencionado la noche anterior. Yo solo estaba esperando despertar... pero no era un sueño dentro de un sueño. Era la vida real. 


Comentarios

  1. ¡Simplemente hermoso! Me encanto la forma en la que contaste toda tu historia y sobre todo el final feliz.

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    1. gracias... mientras más pasan los años, más increíble me parece cómo se van dando las cosas...

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