cocinar

La semana pasada me tocó hacer un par de viajes a la caótica CDMX. Uno de esos días me quedé en el depa de un amigo y echamos caguama con dos amigas suyas. 

Todos de más de 25 y de Guanajuato. Todos heterosexuales menos yo. 

Rápidamente la conversación se dirigió al tema de buscar o tener pareja. Una de las chicas y mi amigo abrieron su Tinder para ver qué podían pescar el viernes por la noche. La otra chica comentó que desde que su novio estaba de freelance lo veía mucho menos pero que la semana pasada le había cocinado por primera vez. En ese momento todos alejaron la vista de sus celulares, pausaron la búsqueda y con ojos exorbitados le dijeron: ¡ya valiste!

La chica no hizo más que asentir y darle un trago a su cerveza como aceptando que su relación ya había alcanzado un nuevo nivel de formalidad o de compromiso. 

Yo también le di un trago a mi cerveza como tratando de pasar desapercibida. No quería que me preguntaran si yo ya le había cocinado a Fer pero me preguntaron de inmedianto. 

Sí le he cocinado a Fer. Más bien he cocinado con Fer. De hecho una de las primeras cosas que hicimos juntas. Salió de manera muy natural, después de checar opciones para comer en la ciudad y preferir pasar un rato más en privado y tranquilas. La primera vez que lo hicimos fue muy bonito. A ella le encanta cocinar y lo hace muy bien. A mi me gusta hacerlo cuando tengo tiempo y creo que no lo hago tan mal. Ella preparó una ensalada deliciosa y yo me encargué de la carne y la pasta. Pusimos música, cada quien se concentró en su tarea, platicamos un poco, nos preguntamos sobre el sazón de nuestros platillos, respetamos nuestros espacios y nuestra manera de hacer las cosas y voilá... una comida harto disfrutable. 

Para mi eso fue un centellazo de que algo más se estaba cocinando ahí. Creo que uno puede extraer muchas cosas de la otra persona en esos ratitos de convivencia y también uno se comparte con las defensas distraídas. 

Para ellos, cocinar para alguien es indicador de quien está dando y recibiendo más en la relación, o sea, quien tiene el poder. Por una parte lo entiendo. Creo que si no me hubiera topado con Fer, también habría hecho ese balance sentimental y también habría andado con extra cautela antes de proponer una actividad así. 

No sé si es general, pero al menos en varios círculos de amigos y conocidos hay un miedo extendido por salir timados en una relación. Dar más y obtener poco o nada a cambio y para evitar eso entonces se recurre a la codicia emocional. 

Creo que desde que terminé con Estefanía me esforcé en cultivar relaciones que giraran alrededor de la codicia emocional o peor, que se encontraran en una situación de pobreza emocional. 

No me imagino viviendo mi relación de otra manera y me siento muy afortunada por entender que las dos estamos para compartir y no para competir. 





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